Cuando Miley llegó a su departamento, tiró la puerta con fuerza sin importarle si su madre estaba o no, ahora nada le importaba, el mundo podía irse al mismísimo infierno si quería.
Caminó a paso rápido hacia su habitación, tiró la puerta de la misma manera y se arrojó a su cama. Al hacerlo, recordó los besos de Demi… sin querer sus ojos se llenaron de lágrimas estúpida, pensaba, esperé tanto tiempo por esto y lo arruinaste… lo arruinaste… estúpida, estúpida!
-¡ESTÚPIDA!!! – no podía dejar de insultarla, fruto del dolor que en verdad sentía…
Quince minutos después, se sentía sólo un poco más calmada; pero aún así, el recordar los sucesos de esa tarde, le hacían poner triste.
Luego se enteró de que Julie estaba embarazada, que Demi estaba metida en un lío que ni era suyo. Recibió tres o cuatro veces, visitas desesperadas de ella, quien siempre quería pedirle perdón; pero Miley no aceptaba ninguna, pues también tenía orgullo. Sin embargo, a pesar de todo aquello, el enojo y el odio sólo le duró dos semanas y exagerando. A partir de ahí, no podía evitar mirarla todo el tiempo y sabía que ella tampoco le quitaba la vista de encima, sabía que Demi le sacaba fotos cuando no estaba viendo y sabía que ella también lo hacía. Sabía que soñaba con ella todos los días, de una u otra manera, sabía que se estaba obsesionando.
Sabía que el chico que se había conseguido era casi idéntico a Demi, igual de idiota, igual de desconfiado, igual de despistado; pero a la vez, tenía una pizca de su alegría, de su vagancia y simpleza para las cosas cuando no tenía presión. Sabía de alguna forma que no era lo mismo, ya que para ella, Demi era cincuenta mil veces mejor.
Sabía que podría arreglarlo todo con un simple “no importa Demi, ya está en el pasado”; pero no, también tenía orgullo.Sabía que la muchacha había expulsado a Julie de su departamento, sabía que por fin tenía el camino libre para estar con el amor de su vida; pero no también tenía orgullo. Sabía que Demi sufría por ella y bastaba con darle una señal para poder estar juntas; pero no, también tenía orgullo y no sólo eso, no sabía si podría confiar una vez más, por tercera vez. Podía intentarlo y sacar todo adelante contra viento y marea; pero no, también tenía orgullo.
Ese orgullo heredado de su padre, que siempre la siguió a todas partes. Había cumplido 20 años y seguía como idiota, sufriendo una obsesión por ese maldito orgullo que no la dejaba en paz y que estaba consciente que, en cuanto lo derribara, lloraría de rabia… por su maldita idiotez… y encima por ese orgullo, no pasaba un día en que no se peleara con la persona que más quería en su vida, no pasaba un día en que no le hiciera sentir culpable por lo que estaba pasando, siempre dejándola sola al final; a pesar de que ella era la que sentía como si no tuviera a nadie, a pesar de tener a ese idiota a su lado que le caía bien a su mamá... no sabía cuánto y hasta cuándo iba a aguantar esa situación… lo que sí sabía, era que eso que sentía… nunca acabaría y que debía decidir
Entre seguir a su orgullo… o seguir a su amor
Volvamos al presente…
-Andy, ¿Qué hago? – Preguntaba Demi desesperada – es decir… no puedo ir ahora mismo a enfrentarlos…
-No Demi – negó Andrea rotundamente – eso sería devastador… mejor…
-¿Cómo le digo a Miley? Es que no… - la muchacha no tenía idea de qué rayos hacer y aún seguía demasiado impresionada por aquello de lo que recién se había enterado.
-Tranquila Demi – dijo su amiga – primero que nada, ¿recupérate si?
Cinco minutos después, Andrea le acompañó a la salida de la cafetería para cubrirle y que no fuera reconocida. Demi se despidió de ella y fue corriendo hacia la universidad. Llevaba una gorra y una capucha puestas.
Debía hablar con Miley, debía hacerlo, debía decirle que estaba siendo engañada y que no confiase más en ese tal Mauricio que nunca le inspiró confianza.
La clase de ese día acabaría en media hora más. Eran las 6:00 PM y no aún no le quedaba mucho tiempo si quería mostrarle a Miley la evidencia de Julie y Mauricio juntos en la cafetería.
Subió rápidamente por las escaleras mientras se quitaba la capucha de la sudadera que llevaba puesta. Miró por el vidrio superior de la puerta y sintió alegría al ver a Miley, estaba apuntando en su cuaderno. Pudo observar que se daba la vuelta y miraba largo rato hacia su asiento… su asiento… Sintió una vaga esperanza; pero no… no podía ilusionarse con que la chica si quiera la extrañara.
Se apoyó en la pared a un costado de la puerta y esperó a que sean las seis treinta de la tarde. No sabía por qué lo sentía; pero tenía la sensación de que su Miley fuera a irse y no pudiera hablar con ella, a pesar de que estaba parada al lado de la entrada, la única entrada. Por fin todos comenzaron a levantarse, el catedrático salió más rápido que todos, perdiéndose entre la multitud de estudiantes de otras aulas.
Todos salían, Demi le hizo señas desde lejos a Mark, para que detuviese a Miley y así pudieran hablar a solas. El muchacho sólo asintió con una sonrisa burlona, se acercó a la chica y le habló. No sabía lo que le decía; pero la castaña sacó un cuaderno y se lo mostraba al muchacho, cuando el curso ya se hubo vaciado, él simplemente dijo:
-Gracias!! Perdona, ando apurado siento no poder esperarte
-No hay problema – sonrió Miley mientras guardaba su estuche y sus libros, el amigo se fue casi corriendo, al salir le sonrió y le dio palmaditas en el hombro a Demi, quien le susurró un “gracias!” muy bajito.
La observó durante un momento, con tristeza, era tan bella; pero era un caso casi perdido. Miley hizo caer todas sus cosas al intentar meterlas todas juntas a su mochila, refunfuñó y se levantó a recogerlas. Demi se acercó rápida pero silenciosamente y recogió unos cuantos libros. La chica, no se dio cuenta y recibió los objetos con un “gracias” apurado e indiferente. Pero ese momento miró hacia el frente y giró la vista hacia Demi... parecía como si hubiera visto un fantasma, parecía sorprendida… pero rápidamente desvió la mirada.
-Ah, hola – dijo con desdén guardando más rápido sus pertenencias en la bolsa.
-Necesito hablar contigo – dijo.
-¿Ah si? Yo no quiero hablarte… así que… adiós – alzó su mochila y la colgó al hombro. Demi la detuvo sujetándola del brazo suavemente.
-Miley, esto es importante, ya no me ignores por favor – la muchacha se dio la vuelta y le miró, sus ojos parecían irradiar desesperación.
-Ok… tienes 20 segundos.
-Bueno es que… - la de pelo negro no sabía cómo empezar – vi a Mauricio…
-Ah…
-En una cafetería…
-¿Y?
-Con Julie…
La castaña puso cara de sorpresa y guardó silencio por largo rato, no decía nada, no respondía nada y Demi no sabía lo que pensaría al respecto. Hasta que por fin:
-No te creo…
-Miley…
-No sería la primera vez que me mientes
-Por favor, debes creerme…
-Pruebas, no las tienes
-Pero puedo mostrártelo
-…
-Déjame conducirte a ese lugar…
-Pero espera – detuvo la de ojos verdes, hablando firmemente - ¿a ti por qué te interesa mi vida? Que yo recuerde me odiabas, además… no te concierne ninguno de mis problemas…
-¡Sí me concierne! – Reventó Demi – porque tú…
-Ya, ya – la calló la otra sin mostrar emociones ni en su rostro ni en sus ojos - ¿Qué más vas a decir?
-Mauricio es el padre de la hija de Julie – Demi no sabía cómo decirlo, pues la otra le era tan indiferente que le dolía.
-¿Por qué mejor no te consigues una vida? – se dio la vuelta – ya me tienes harta, y ya pasaron tus 20 segundos… me voy…
-¡¡Esperaaa!! – se desesperó la chica sujetándole de nuevo.
-¿Para qué? ¿Para que sigas inventando cosas?
-Estoy diciendo la verdad, lo juro… puedo llevarte al lugar… sólo… - resopló.
-Si con eso me dejas en paz de una buena vez… - accedió Miley finalmente.
Llegaron a la cafetería, 6:45 PM. Mauricio y Julie seguían allí, con platos de cena recién acabados. Demi los miró con el ceño fruncido por la ventana, luego le indicó a Miley.
-¿Ves? Ahí están – la muchacha se pegó al vidrio y observó, justo en ese momento, los dos se acercaron a besarse. La castaña se dio la vuelta sin decir nada. Se mantuvo callada; pero miró hacia el oscuro cielo de la noche.
-Es increíble – dijo finalmente; pero su tono no era el frío e indiferente, sino era algo débil, miró a Demi quien pudo notar que sus ojos le miraban con desesperación.
-Miley yo…
-Cállate, no quiero oírte…
-¿Por qué? ¿Por qué eres así? Por favor Miley…
-Espera – le calló la muchacha, pues Mauricio y Julie ya salían de la cafetería. Miley fue donde el chico, quien se horrorizó al verla y dio un respingo, Julie también se asustó sobremanera; pero posó la vista en Demi quien simplemente desvió la mirada.
-Miley!! – exclamó asustado Mauricio - ¿qué haces aquí? ¿No tenías clases?
-Pero ya acabaron idiota – le dijo y le soltó un puñetazo en plena nariz, haciéndole sangrar, el joven retrocedió sujetándose el lugar con los ojos apretados, los abrió como pudo - ¡¡ERES DE LO PEOR!! ¡¡USTEDES DOS SON DE LO PEOR!! ¡¡POR MÍ PUEDEN IRSE AL DEMONIO!! – empujó al chico contra la pared y calló a Julie, quien estaba por hablar, de una cachetada.
Caminó a paso rápido y al pasar por el lado de Demi le jaló del brazo bruscamente. La condujo hacia un callejón vacío en una calle vacía, de las tantas superpobladas que había.
-Bien – le dijo Miley cuando estaban paradas a la mitad de aquel vacío callejón – termina de decirme lo que estabas diciéndome.
-Que lo siento, perdóname – comenzó Demi apenas reuniendo valor, sintiendo cómo el nerviosismo comenzaba a ganar terreno en su ser – ya no voy a poner más excusas, fue algo terrible lo que hice… pero quiero que… - su voz comenzó a quebrarse y sin darse cuenta, ya no podía hablar, demasiada presión – quiero que…
-¿Te sientes bien? – la castaña se veía preocupada…
-Sí… es sólo que… - los recuerdos vinieron a la mente… todos los recuerdos, todo aquello que había vivido con Miley… con su Miley.
-Demi…
-No, escúchame… esto es… es tan ilógico Miley… - resopló – tú… tú me gustas y… - sintió aún más miedo y presión al ver el cambio de expresión de la muchacha – no me gusta que nos llevemos tan mal… al menos déjame ser tu amiga…
-Te gusto Demi – dudó la castaña, su tono ya no era indiferente e indolente, sino más bien parecía angustiada después de todo – yo creía que me odiabas... y que sigues queriendo a…
-No… yo nunca quise a Julie… en realidad siempre te he querido a ti Miley, estaba cegada por mi misma… todo fue mi culpa, nunca debí aceptar que la tipa se quedara en mi casa, tampoco debí cuidarla ni darle ningún dinero ni nada de eso, debía haber estado contigo… ahora ya es demasiado tarde, ¿verdad?
Pasó un rato en silencio en lo que Demi tenía el corazón en la mano, esperando a que la chica de ojos verdes respondiera.
-Lo es…
-Está bien… - rió – soy una tonta verdad… - sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
-Algo…
-No puedo esperar que me aceptes después de todo lo que hice, lo tonta que fui, lo mal que nos llevamos… - se limpió con la mano una solitaria lágrima – pero al menos déjame… déjame ser tu amiga, si? Ya no quiero que estemos así… tan peleadas… tan…
-Demi…
Demi se quedó con los ojos abiertos de la sorpresa al recibir el tierno beso de Miley en sus labios. Pareció durar horas y a la vez nada. La castaña se separó de ella y comenzó a darle muchos besos pequeños en los labios, muy suaves y dulces. Demi no lo podía creer, su subconsciente apenas se acostumbraba a la idea; pero su corazón yacía latiendo a mil por segundo, las mariposas en el estómago se hicieron presentes y una sensación de felicidad espectacular llenó todo su ser.
-Demi, ¿no me vas a corresponder? – habló de repente Miley, con aquella voz que Demi recordaba muy bien, que había oído hace tiempo, casi un año… - me dijiste que te gusto…
-Me gustas – Demi se puso muy nerviosa y sus manos temblaban. Pero se estremeció los labios de Miley de nuevo. Había olvidado cómo se sentía estar con Miley, cómo se sentía estar con ella, esa felicidad inmensa que había confundido con Julie, pero qué tonta fue…
Demi miró a una Miley angustiada; pero que le miraba dulcemente.
-Demi… - comenzó – eres una tontita; pero así me gustas… es demasiado tarde; pero aun así quiero estar contigo… nos costará olvidarnos de todo el tiempo perdido – rió tristemente – pero juntas será más fácil, ¿verdad?
-Ay Miley… - Demi casi rompía a llorar de la emoción – yo ya me habría mandado a cierta parte…
-Shh… - le calló sonriéndole sinceramente – me vas a pedir salir? Sí o no?
-Miley – Demi abrió los ojos de par en par sin poder creérselo – Hablas en serio Miley?- preguntó emocionada – Entonces ya me perdonaste? Yo quiero estar contigo! – recibió un golpe suave en la cabeza de la castaña, quien reía por su actitud y su expresión. Le abrazó tiernamente, Demi correspondió el abrazo, aferrándose a su Miley.
-Te quiero Demi.

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