viernes, 29 de noviembre de 2013

Two Worlds Collide - FIN


Mientras iba en autobús de camino a casa giraba mi cabeza cada cierto tiempo solo para darme cuenta de que Alessandra no dejaba de mirarme con esos ojos enjuiciadores que  caían como gotas de ácido sobre mi estómago. Cuando el autobús nos dejó rápidamente ella se me adelanto para meterse en la habitación, de alguna manera sabía que quería ver cuando yo entrara solo por el puro placer de mirarme y hacerme sentir como la mentirosa más grande del mundo. Y sí, eso fue prácticamente lo que sucedió a mi entrada.
-¡Hola Demi! Tenemos tantas cosas de que hablar… Me muero de las ganas por tener una charla de chicas.
-Ok Alessandra, dime lo qué quieres… No quiero andar con rodeos, solo ve directo al grano.
-No, no, no y no… Esto tenía que ser emocionante, ya sabes, yo riendo malignamente mientras tú suplicas.

Yo la miré con cara  de pocos amigos, realmente deseaba que me dijera lo que quería, obviamente quería algo y yo no me iba a ponerme a jugar al ahorcado intentando descifrar sus intenciones.
-Ok, está bien. Mira, cuando yo me drogo veo muchas cosas… Pero definitivamente ese día que vi que salías justo por aquella ventana podría jurar que era tan real. Obviamente, porque era real y no lo niegues.
-Entonces…
-Yo sé que fuera de este tour aburridísimo de historia que nos dan todos los días hay un verdadero Londres. Bueno, quiero conocerlo.
-¿Y eso implica?
-Que me lleven con ustedes.
-¡¿Qué?! –dije asombrada.
-Mira, aún tenemos una semana antes de largarnos de este lugar y siento que si sigo formando parte de este viaje escolar no habré disfrutado Londres como debe ser. Si ustedes salen, apuesto a que van a lugares fascinantes. Llévenme con ustedes y yo no diré nada, hagan sus cosas de lesbianas… No me importa, de hecho no me afecta en absoluto y si hago esto no es por tener algo en contra de las lesbianas o en ti particularmente, no, solo quiero sacar partida de esto para tener una oportunidad de conocer el verdadero Londres.
-¿Eso te haría nuestra cómplice?
-He ahí el punto… Ya no te tendrías que preocupar por el problema de la escapada porque yo saldría igual de embarrada, pero para que eso pase tienen que llevarme con ustedes o ¿no?
-Bueno, supongo que tienes razón. Aun así, yo podría acusarte por drogarte, yo también puedo amenazarte –intenté ser inteligente.
-Podrías, pero a mí me encantaría saber quién sale realmente perdiendo en esta historia. Tú puedes decir que yo me drogo y yo… Yo diría que tú te escapas, y te besas con cualquiera y sobre todo, que es con una mujer. Ahora que lo pienso, creo que lo que realmente te preocupa es que sepan que has estado con una mujer… Por cierto, ¿qué no fue con ella con quien te fuiste a pasar la noche? Apuesto a que lo disfrutaste.
-De acuerdo, tú ganas. Solo deja que yo hable con ella y esperar para saber qué dice.
-Yo que tú la convencía, digo, por tú bien.
Ella tenía razón, la que más salía perdiendo en todo esto era yo y pensar que le dijera a alguien que tenía una aventura en Londres con alguien era una cosa, pero que dijera que era con una mujer hacía una gran y terrorífica diferencia.

Lo primero que hice entonces obviamente fue llamarle a Miley y contarle todo. No sé porque pero presiento que ella no se impactó con eso, podría decirse que lo digirió de maravilla y hasta le causó gracia. Eso era algo que no me gustaba de Miley  sentía que en todo esto yo era la única que se preocupaba por las consecuencias, era como si ella le importase un comino si me enviaban de regreso con un boleto sin retorno por toda la vida. Por otra parte quería pensar y convencerme que quizá la que estaba en el error era yo, y que ella era así, despreocupada y sin temores.

Cuando le conté a Alessandra que Miley había aceptado se puso eufórica y con eufórica me refiero a que de pronto se volvió mi gran amiga. Era tan sínica que hasta parecía que no había pasado nada y que realmente la habíamos invitado a formar parte de nuestra aventura por voluntad propia. A la siguiente hora llegó el autobús que nos llevaría al aburrido tour y para mi desgracia Miley no podía ir a los lugares para coincidir misteriosamente como lo tenía planeado, al parecer tenía que terminar unos trabajos que eran muy importantes, sin embargo, me había prometido que en la noche pasaba por nosotras y que llevaría a un amigo.

Cuando me habló de ese amigo sentí como que nuestra privacidad se vería corrompida y no tarde en ponerle pero a aquel invitado, pero la idea era clara, las tres en una moto era tan peligroso como ir en un monociclo una encima de la otra. Toda aquella tarde se volvió más aburrida de lo común, por su parte Alessandra no me dejaba sola ni por un minuto y eso me estaba volviendo loca. Cuando la tarde llegó y tuve que regresamos a “nuestro querido hogar” (como lo llamaba Alessandra), lo primero que hicimos era fingir que estábamos muy agotadas y que dormiríamos para recargar fuerzas. Admito que tener a Alessandra de aliada tenía sus ventajas, al menos ahora ya no tenía que esconderme de ella, y sobre todo, fingiendo las dos éramos más convincentes que una sola.

Antes de que llegara la hora de escaparnos me puse a reflexionar acerca de qué tan lejos había llegado, era impresionante lo que estaba haciendo y años atrás me hubiera negado a creer que sería capaz de algo como tener una aventura con una persona de un país desconocido, pero de algo estaba completamente convencida, no me arrepentía. Cuando llegó la hora de salir ambas nos asomamos por la ventana para ver si veíamos alguna señal de Miley.  Al final Alessandra fue la primera en darse cuenta de la presencia de Miley como pudimos bajamos por la ventana sin hacer nada de ruido. Ya estando abajo Miley nos acompañó hasta la otra calle donde había dejado la moto, y justo al lado había otra moto con un alto y apuesto pelirrojo de ojos azules.
-De acuerdo, ahora que somos tres solo quiero decir que hay que cuidarnos las unas a las otras –dijo Miley refiriéndose a Alessandra-. Nada de estupideces y nada de drogas… Aquí si nos encuentras con drogas nos irá fatal.
-Ok, ya entendí… Drogas no –dijo Alessandra medio poniendo atención y mirando al chico de la otra moto.
-Él es Baldo… Bueno, así le dicen. Él va a ir con nosotras para ayudarnos con lo del transporte –miró fijamente a Alessandra-. No habla nada de español ni de inglés.
-¿Qué? –reclamó Alessandra-. ¿Entonces cómo nos comunicamos con él?
-En ruso, él es ruso y vino con unos amigos a conocer Londres.
-No importa… Ya veré cómo me comunico con él –dije desafiando a Miley.
-Cómo quieras… Yo lo hice con la más clara intención de que sea imposible que te pongas de acuerdo con él.
-El habla no es el único idioma conocido.
-Sí, y eso es a lo que temo logres descifrar.
-De acuerdo, ¿Y hoy a dónde vamos esta noche? –pregunté interrumpiendo su plática.
-Hoy vamos a ir a un lugar muy excéntrico… Tan excéntrico que nosotras vamos a pasar desapercibidas.
-¿Es peligroso? –pregunté.
-¿Peligroso? ¿Eso es lo que se te ocurre preguntar? –me dijo Alessandra burlándose.
-No, de hecho es un muy buen ambiente. Ya quedé con algunos contactos para poder pasar sin que nos digan nada. Ok, vámonos.

Sin perder tiempo y teniendo en conciencia que la noche era corta nos montamos en las motos. Alessandra se veía tan feliz de compartir asiento con el ruso que lo tomó por la cintura de una manera tan erótica que noté como la cara del ruso se enrojeció casi al color de su cabello.
En todo el camino y por muy cursi que pareciera decidí dejar de mirar el horizonte que se formaba mientras las motos se encaminaban hacia nuestro destino y mejor me dediqué a cerrar los ojos mientras abrazaba a Miley , tenía que disfrutarla a cada momento tanto como pudiera, pues justo ahora la cuenta regresiva estaba comenzando a tomar vida.
-¡Listo! ¡Hemos llegado! –dijo Miley en voz pasiva.
-¿Ya llegamos? Pero si aquí no hay nada –se quejó Alessandra.
-Baldo se bajó de su moto y le indicó con la mirada a Miley en el lugar donde dejaríamos las motos.
No quería sonar pesimista en aquel momento, y de alguna manera estaba de acuerdo en lo que decía Alessandra pues en aquel lugar no había nada, solo un montón de viejos edificios.
-Vengan, por acá está la entrada –nos habló Lena.
Al principio estábamos bastante desubicadas, pero cuando Miley se encaminó hacia una puerta fea y la abrió las cosas comenzaron a tomar un sentido más congruente. Cuando la puerta se abrió se comenzó a escuchar un lejano ruido de música, en ese momento Alessandra y yo nos miramos sonrientes de que Miley staba cumpliendo con su palabra y no nos iba a decepcionar. Cada vez que dábamos más paso hacia el frente la música se volvía más nítida y justo al dar vuelta en lo que se estaba volviendo una especie de laberinto nos topamos con un hombre gordo y de gran tamaño que nos miró con cara de pocos amigos. Baldo se acercó a él y le entregó un papel, las tres simplemente nos quedamos paradas sin decir nada. 

El tipo tomó el papel y leyó lo que decía, cuando terminó de hacerlo nos señaló uno de los muchos pasillos, todos le sonreímos y seguimos por ese pasillo.
Mágicamente la música comenzaba a escucharse casi como si la tuviéramos frente a nosotros, y finalmente después de unos minutos de suspenso por si nos habíamos perdido logramos llegar a nuestro destino. Al final del pasillo se encontraba un gran y enorme salón repleto de gente. Todos seguimos caminando hasta tener la vista completa ante nuestros ojos. Aquel lugar simplemente era asombroso, tenía buena música y todo pero lo que me había llamado la atención era la gente, había de todo. Mi mirada se dirigió al momento a la variada libertad sexual que se veía al entorno, había desde parejas homosexuales y otras que ni siquiera podía describir.
-Bueno, a partir de aquí cada quien se va para donde quiera. Nos vemos en dos horas justo en este punto, ¿De acuerdo? –dijo Miley.
-¿Tu ruso te entiende? –le preguntó Alessandra.
-A él ya le dije desde antes.
-Ok, dos horas… ¡Perfecto!
-Solo cuidado con lo que tomas.
-No hay problema… Me sé cuidar.
Alessandra se despidió con una sonrisa y rápidamente desapareció entre la gente. Baldo nos miró e hizo un gesto de amabilidad y también desapareció.
-Bueno… Ven.
Miley me tomó de la mano y comenzó a guiarme entre toda esa gente hasta llegar a un sillón bastante amplio.
-Anda, siéntate  -dijo al señalarme el sillón.
-¿Venimos aquí a sentarnos?–le pregunté con tono de decepción-. Pensé que quizá bailaríamos.
Miley me acarició la mejilla, me sonrió y en seguida se fue dejándome sola. Seguí impaciente esperando el regreso de Miley y cuando al fin sucedió venía con un par de bebida.
-Traje algo para comenzar –me dijo entregándome una bebida color azul.
-¿Es alcohol? Yo no tomo –le dije sin tomar el vaso.
-¡Vamos! Viene de buen lugar… No tiene malo.
-Entiendo, lo que pasa es que no soy muy aficionada del alcohol.
-Pero si no lo intentas…
-Ese es el problema, que ya lo he intentado y yo no hago un buen equipo con el alcohol. Siempre se me sube muy rápido y me pierdo.
-Inténtalo, no tiene tanto alcohol… Es más ni sabe a alcohol.
Miré el vaso azul y después también sus hermosos ojos azules que sujetos a su mirada terminaron convenciéndome.
-Ok –sonreí y tomé el vaso.
Miley se sentó a mi lado y comenzó a tomar su bebida de color rosa.
-¿Y esa que tiene? –le pregunté.
-Es un poco más fuerte, pero si quieres…
-No, está bien. Puedo sobrevivir con esta. Entonces… ¿Es esto lo que vamos a hacer toda las dos horas que nos quedan?
-¿A qué te refieres?
-Pues a beber y mirar gente divirtiéndose.
-Yo no he dicho que no nos vayamos a divertir. Es más, ¿ves a toda esa gente?
-Claro, como no verla.
-¿Qué sentirías si tuvieras todas su miradas sobre nosotras?
-Supongo que sería intimidante.
-¿Y qué pensarías si lo hicieran mientras hacemos el amor?
-Eso sería loquísimo… -me burlé.
-Si, ven vamos a bailar -tomo mi mano y caminamos hacia la pista.

Estuvimos bailando, tomando un poco o mas bien mucho todo era perfecto al estar con ella nos besábamos realmente nada me importaba y nosotras no  le importábamos a los demás. regresamos al sillón realmente había bebido mucho, me acosté y cerré los ojos.

Cuando abrí mis ojos el entorno había cambiado completamente, una intensa luz deslumbraba mis ojos hasta el punto de cegarlos. Al principio me asusté demasiado y miré por todos lados hasta que mi mente reconoció el lugar… ¿Se trataba de la habitación donde nos alojábamos Alessandra y yo? Sí, ese era el lugar. Cuando miré a Alessandra en su cama dormida me tranquilicé un poco, puse mis manos sobre mi cabeza y traté de contener un intensó dolor que rodeaba mi cabeza como un casco pesado. Alessandra se giró en la cama y abrió ligeramente los ojos, cuando me vio me sonrió y comenzó a reír.
-¿Por qué te ríes? –le dije enojada.
-Yo no me estoy riendo, bueno sí.  Ayer sí que estuviste fuerte…
-¿A qué te refieres? –le pregunté confundida.
-Miley te llevó a la hora que nos teníamos que ir y estabas perdida, ni te podía poner de pie. Eso, y a cada rato no dejabas de demostrarle tu amor lésbico –rio.
-¿Qué pasó? No me acuerdo después de…
-Bueno, el tío este… El ruso, te tuviste que venir con él porque él te podía sostener. Yo me vine con tu noviecita… En eso, me arruinaste la noche. Ya duérmete, en una hora tenemos que irnos… ¿Recuerdas que hoy en la noche es la reunión para los extranjeros? Bueno, trata de verte no tanto como lo hago ahora o sabrán que pasaste la noche en compañía del alcohol.

La reunión de extranjeros… Cómo lo había olvidado…
Aquí fue cuando las cosas se pusieron fuertes, pues tan rápido como pude intenté contactar a Miley pero ella jamás contestó. Al principio pensé que era porque quizá estaba igual que yo y dejé pasar el tiempo hasta que llegamos al colegio, allí comencé a buscarla en todos los lugares que se me ocurrieron e incluso pregunté entre algunos de los estudiantes pero ninguno me supo dar razón de ella. Aquel día simplemente se volvió eterno. 

Cuando la noche llegó ya me encontraba mucho mejor, o al menos de la cruda, pues seguía preocupada por Miley. Volví a marcarle incluso antes de irnos a la reunión pero no contestó, y entonces pensé que quizá la encontraría en la reunión.
Cuando llegamos al lugar, con karaoke y buen ambiente, busqué y busqué pero nada, tampoco estaba allí, cogí el teléfono y le dejé el mensaje de voz número catorce acompañado de un mensaje de texto. Todos estábamos reunidos allí, los londinenses y los mexicanos, nos daban las gracias y un montón de bebidas y comida, pero entre tanta gente me sentía tan sola. Cuando le pregunté a Alessandra si Miley había dicho algo sobre dónde estaría ella simplemente me tomó a loca y me dijo: “Ella es tu novia, no la mía”.

Los días siguientes no fueron tan bien, tampoco logré contactarla y no volvió a ir al colegio. Era como si hubiera desaparecido, incluso pensé ir a buscarla a su casa, pero si ella no quería verme… ¿Por qué tenía que irla a buscar? Todo esto era la pesadilla más grande y vívida que jamás había sentido, y comenzó a hacerse más fea cuando llegó mi último día en Londres; así que dejé de llamarle e enviarle mensajes, ya no tenía caso.
Aquel último día me despedí de cuanto londinense logré conocer; de los profesores; de amigos; de Bill y Helen… De todos, menos de ella. ¿De qué se había tratado todo? ¿De ilusionarme, de usarme como un pasatiempo? No lo sabía, y quizá nunca. Al escuchar los ruidos del aeropuerto supe que lo hecho, hecho estaba y que aquella aventura había terminado, todos parecían tan felices y yo… Creo que era obvio que no podía ocultar mi tristeza, todos me preguntaban que qué me sucedía y yo solo decía que estaba cansada o inventaba cualquier cosa… La verdad, se quedaría por siempre en una mentira.
No sé si estaba perdiendo la cordura, pero justo antes de pasar a la fila para revisión de maletas, que por cierto era la última, escuché vagamente la voz de Miley.  Quise mirar atrás pero eso solo sería una aceptación a mi locura y perdición mental. Crucé la máquina que te revisa si no eres asesino y cargas con armas o cuchillos para que después uno de los oficiales me diera finalmente la maleta. Seguí caminando y hasta uno de mis profesores me apuró, pero fue allí cuando sentí claramente la voz de Miley  aquello ya no podía ser mi imaginación. Cuando giré mi cabeza estaba allí, detrás de la maquina nos dividía, yo de alguna manera me enfurecí y me giré. Pero ella volvió a gritar mi nombre y me convenció. Me acerqué a ella y los oficiales le restringieron cruzar del lado mío.
-Lo siento, pensé que quizá así sería menos duro para ti, pero no lo fue para mí –me dijo con la voz quebrada.
-¿Abandonarme? ¿Desconectarte de mí? –le pregunté enojada.
-Quería que te enojaras conmigo para que no te doliera tanto… Quería pensar que así me olvidaría más rápido… Pero yo no puedo olvidarme de ti… Ya estás muy dentro de mí… and my heart.
-Lena, quizá hubiera sido mejor que no vinieras… Porque tienes razón… Esto solo fue una aventura y agradezco que haya sido contigo, pero ya no hay más que se pueda hacer.
-Si la hay, solo dame tiempo. Podemos… podemos funcionar.
-Lena ¡Por Dios! Hay un mar y miles de kilómetros  entre nosotras… -giré mi cabeza.
-¿Al menos podemos intentarlo?
Me miró con esos ojos, con esa mirada y me sonrió.
-Dame una oportunidad, solo una, es lo único que necesito.
Metió su mano en uno de los bolsillos de su chamarra y sacó un papel que me entregó.
Cuando lo abrí la profesora me volvió a gritar que me apurara, simplemente di un vistazo y noté un montón de números y letras.
-Esas son todas las maneras posibles para contactarme… Hasta hice una cuenta en Skype para que nos veamos –me dijo sonriendo de alegría.
Miré por todos lados y sin importar si me miraban me acerqué a ella y la besé con todo mi ser. Muchos nos miraron y creo que también lo hizo la profesora… No sé si alguno de mis compañeros… No me importaba. El policía tomó del brazo a Miley y le advirtió nuevamente que no podía pasar.
-En cuanto llegué serás lo primero que tenga en mente –le dije.
-Lyblyu tebya –me dijo.

Poco después supe que significaba “te amo” en ruso.
Cuando subí al avión revisé el papel que me había dado y leí una palabras entrecomilladas que venían al final de todo.
“No sé si existe alguna forma de saber qué camino tomar hacia la felicidad, o si simplemente los caminos ya están enlazados desde un principio… Solo sé que tú eres ese camino que quiero tomar”  P.S. Lyblyu tebya.

Yo tampoco lo sabía… Lo único que sé en este preciso momento es que acabo de tomar mi vuelo hacía Londres para empezar mi primer año de universidad. ¿Cómo pasó? Bueno, después de mucho tiempo de convencer a mis padres y llevar un arduo papeleo con ayuda de Miley logré conseguir entrar a una universidad de Londres. Espero que valga la pena todas esas horas de Skype sin poder besar a Miley, porque me muero de las ganas de hacerlo en cuanto baje de este avión.

P.D. Yo tampoco sé si los caminos hacia la felicidad están enlazados por el destino, solo sé que la amo; que el amor es el mejor camino hacia la felicidad; y mi felicidad es ella.

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