viernes, 29 de noviembre de 2013

Two Worlds Collide - 4



Recuerdo que aquella mañana que desperté me sentí la mujer más feliz del mundo; me sentía tan liberada y ligera; sentía como si todo hubiese sido un sueño tan real; sentía tantas cosas y hasta cierto punto me sentía como una nueva mujer. Creo que ya había llegado tan lejos para aquel entonces (demasiado) y eso era lo que más me sorprendía de mí misma, porque no sentía culpa o remordimiento, cosa que siempre llegaba a mi mente cuando hacía algo mal. Mi punto final era saber y entender que lo que había hecho no era algo para sentir remordimiento, simplemente porque no era nada malo… ¿Cómo algo que te hace feliz puede ser malo?, Simplemente aquello no lo entendía.

Cuando miré el reloj y me di cuenta de que ya se acercaba la hora de despertar simplemente decidí respirar hondo y tratar de pensar cómo iba a disimular cuando me preguntaran acerca de mi entrevista y la estancia en una casa londinense, sí, la emoción recubriría mi rostro cuando me preguntaran sobre Miley y eso sería bastante obvio. Sin embargo en mi mente había algo que me decía que si fingía esa emoción al escuchar el nombre de Miley era como mentirme y negar a alguien que justo ahora era el centro del universo, pero lo que más me dolía era pensar en lastimar a Miley si yo la negaba.

Y todo esto anterior revoloteaba en mi cabeza como loca, aunque me costara admitirlo, no conocía tanto a Miley...  Podía saber de memoria hasta el más pequeño detalle sensual de su silueta, pero todavía era una extraña y hasta cierto punto no sabía si ella era de esa clase de personas que no les importa mucho si a la primera no se les llama novia, bueno, al menos no entre lesbianas… Bueno, a lo que me refiero es que aún no había hablado con ella respecto a si le molestaría si negará todo en algún caso.

Mientras pensaba en cosas que quizá para muchas parecería sin sentido o sin mayor significado Miley comenzó a abrir los ojos lentamente y a tientas comenzó a buscarme en la cama, una de sus manos cayó sobre mi rostro y lentamente comenzó a dibujar sobre mi rostro, como cuando un invidente intenta reconocer o imaginar el rostro de una persona.
-Eres tú… -dijo susurrando mientras sonreía.
-¿Es una pregunta o una afirmación? –le pregunté sin reconocer realmente la entonación de sus palabras.
-Claro que eres tú… ¿Quién más podría despertar en mi cama entre semana? –afirmó.
-No lo sé… dímelo tú.
Miley sonrió  y se acercó hacia mí para darme un beso suave y sin ningún toque que quisiera ir mas allá  simplemente un dulce beso de esos sin más intención que ser un dulce beso.
-Demi… ¿Puedo preguntarte algo?
-Claro, lo que sea.
-¿Qué clase de persona piensas que soy?
-¿A qué te refieres?
-¿Piensas que soy de esas chicas que salen con cualquiera? ¿Qué quizá esté haciendo lo mismo contigo? ¿Qué probablemente no sea lo que tú piensas?
-¿A qué viene todo eso? –pregunté algo confundida.
-Solo respóndeme, quiero saber qué idea tienes realmente sobre mí.
-Yo… -tomé un ligero respiro-. Sé que no te conozco tanto ni tan bien, pero no creo que seas esa clase de persona que juega con los sentimientos de los demás.

Ella simplemente me miró y sonrió levemente al mismo tiempo que acariciaba una de mis mejillas.
-Qué bueno que pienses eso sobre mí.
Fue lo único que me respondió antes de cambiar radicalmente de tema.
-Será mejor que nos vistamos… Pronto llegarán mis padres pensando que nos hemos quedado dormidas, ellos nos pueden darse el lujo de quedar mal con el colegio y extraviar una hermosa mexicana.

Tan rápido como lo dijo se puso de pie dejando caer las sabanas que cubrían su cuerpo, de nuevo la tenía allí desnuda y no podía quitarle la vista a la perfección de su cuerpo, ella me miró sabiendo que la observaba; se paró frente a un closet; lo abrió; sacó un uniforme limpio; volvió a cerrarlo y se recargó sobre él. Su mirada estaba tan fija en la mía que no sabía si aquello significaba realmente algo o solo me miraba por mirar.
-¿Si quieres puedes vestirme? –me dijo mientras me mostraba el uniforme.
-¿En serio? –pregunté cómo tonta.
-Imagina que estas vistiendo una Barbie… Solo que más grande y más sexy.

Me levanté de la cama en cuanto escuché su petición, ni siquiera lo dudé dos veces antes de darme cuenta que ya estaba frente a ella y con el uniforme entre mis manos. Ella extendió ambas manos a los lados y cerró los ojos fuertemente sin quitar en ningún momento esa sonrisa tan preciosa de su rostro.
Dejé la ropa colgada sobre un perchero que estaba a su lado y pasé mi mano sobre su rostro con el único deseo de tocarla; miré en un estante un brasier negro y corrí rápido por él; regresé y volví a acariciar su cuerpo pero esta vez con más intención en sus pechos; los acaricié suavemente mientras recorría sus brazos y por fin llegar a sus manos; las tomé y las acerqué hacia mí para poder meter sus brazos dentro del brasier. 

Ella abrió los ojos lentamente mientras recorría el brasier y lentamente me iba girando para poder terminar por abrocharlo. Cuando ya estaba detrás de ella y terminé de abrocharlo mis ojos se fijaron en una peculiar cosa sobre el cuerpo de Miley  cosa en la que no había puesto atención.

Se trataban de dos leves hoyuelos que se formaban en su espalda baja, uno paralelo al otro de manera horizontal. Acerqué mi mano derecha tan lentamente como pude y toqué de la manera más suave posible los hoyuelos; los rodeé con la punta de mi dedo índice y finalmente puse mi mano sobre su cintura; estiré mi izquierda entre medio de su brazo y su torso para pedirle la blusa.

Miley rápidamente tomó y me puso la blusa en mi mano; la tomé y la extendí sobre su espalda dejando las entradas de las largas mangas sobre sus hombros; dirigió sus manos hacia los costados doblando levemente los brazos para finalmente meterlas. En ese momento me di vuelta quedando frente a ella y comencé a abrochar los botones uno por uno sin quitarle la vista de los ojos. Cuando terminé de abrochar todos los botones agarré la falda que aún estaba colgada y enganchada; la falda era una única pieza, era tan diferente a la mía que prácticamente se enroscaba en mi cintura para poder formar una falda; así que con ella lo único que tuve que hacer fue desabrochar un botón, bajar el cierre y dejar frente a ella la entrada.

Cuando abrí la entrada de la falta también me vi en la necesidad de hincarme sobre el suelo para que ella solo tuviese que meter sus piernas y poder subir la falda.

 Hasta ese momento todo parecía ser un perfecto cuento de hadas, pero como todo lo perfecto siempre existe la posibilidad de la imperfección, pues de un momento a otro la voz lejana de su padre comenzaba a acercase diciendo en voz alta “The breakfast is ready girls… Si no vienen voy por ustedes”.
Me puse de pie de un brinco y corrí a mirar por debajo de las cortinas para darme cuenta de que el padre de Miley si iba en serio. Volteé y vi la mirada de despreocupación de Miley que se estaba arreglando la corbata de su uniforme.
-¡Apúrate! Nos va a cachar tu papá –le grité.
-¿Cachar?
-Atrapar.
-Ah, ya entiendo. No te preocupes, mejor en lugar de estar apurándome y ponerte así de loca vístete.
-Cierto.
-Aunque si fuera por mí, me encantaría que te fueras así al colegio.
-Ni de loca.

Ella solo se rio un poco  y siguió acomodando su corbata. Yo me vestí tan rápido como pude y mientras lo hacía no dejaba de observarla. 

Recuerdo haber desayunado ese día a una rapidez de locura, y una vez que el padre de Miley nos dejó en el colegio regresé a mi estado de tranquilidad y absoluta calma.
-Demi… Quiero proponerte algo.
-¿Sobre qué?
-Hoy tengo que quedarme a pintar algunas cosas que se van a usar para la obra de teatro del mes que viene… Hoy es el día en que me toca sola y no me caería mal una ayudadita.
-¡Me parece genial! Pero, ¿qué tengo que hacer para poder ir a ayudarte?
-Nada, solo ve al salón de artes, en la parte trasera… Allí estaré trabajando.
-Pero no creo que me dejen salir de mi clase.
-He allí el asunto positivo de todo esto… Es en el receso.
-¿Te ponen a trabajar en el receso?
-Algo así… Realmente es un castigo.
-¿Te han castigado? –le pregunté casi gritando por lo sorprendida que estaba.
-No fue nada, realmente fue culpa de mis compañero de clase… Un castigo en grupo, pero para no tenernos juntos nos dividieron en la semana.
-Vaya… Bueno, y si se enojan porque te ayude.
-No te preocupes, en el receso nadie se asoma por allá.
-Bueno, acepto.

Después de estar tan apresurada durante la mañana ahora todo era lo contrario, muchas veces había estado impaciente por los famosos recreos, pero ahora deseaba mucho más que cualquier otra cosa que diera la hora para poder ir a ayudar a Miley y quizá no solo a ayudarle. Cuando el reloj movió la manecilla que indicaba era hora del receso como le decía Miley,  salí discretamente con un paso apresurado. Cuando a la salida unos cuantos compañeros me obstruyeron el paso para preguntarme acerca de mi estancia en la casa de Miley mi mundo se vino abajo, pues no quería ser grosera, pero necesitaba escapar de ellos.

Así que después de responder unas simples preguntas me inventé la excusa de que tenía que ir urgentemente al baño y finalmente escape. Lo siguiente que me causó problemas fue finalmente poder encontrar el dichoso salón, así que perdí al menos cinco minutos preguntando. Cuando al fin logré dar con el lugar mi recompensa me estaba esperando, allí estaba Miley tal y como la había visto la última vez, pero esta vez con unas pequeñas brochas en las manos.
-Hola –le dije apenada por el retraso.
-¿Pensé que ya no ibas a venir? –hizo cara fingiendo estar triste.
-Lo sé, pero no me diste muchos datos de la ubicación de este lugar y a mí no se me ocurrió preguntar en ningún momento.
-Ok fue mi error y espero poder arreglarlo.
Miley se acercó hacia mí y me tomó por la cintura, después me fue empujando lentamente hasta que topamos con una mesa donde había un montón de material de trabajo.
-Entonces… ¿Quieres trabajar ?
-¿Puedo preguntarte algo? –le dije a Miley con un tono de interés e intriga.
-Claro.
-¿Yo soy especial o soy simplemente una turista más?
-¿Deberíamos hablar de eso justo ahora?
-Contéstame. Quiero saber si estoy aquí porque realmente quieres estar conmigo o simplemente me ves como un objeto sexual que sabes que se irá y que no sabrás más de él.
-No hablemos de tu partida… Porque aunque no lo creas eres muy especial para mí. Yo jamás había hecho algo así… He estado con chicas de aquí… No del colegio, si de Londres, pero nunca con una extranjera. No quiero pensar que te vas a ir.

Acaricié su pelo y le sonreí tiernamente mientras ella hacia lo mismo.
-Pronto se va a acabar el receso… Creo que deberíamos apresurarnos.
-Tienes razón.
Cuando dijo eso me suponía que comezariamos a trabajar en su obra, en lugar de eso se acerco a mi y comenzó  besarme, sentía como su mano subía por mi pierna.

Miré un pequeño reloj a lo lejos y noté que ya quedaban diez minutos, y si a eso le quitábamos los dos o tres minutos que tardaría en llegar a mi clase... Supongo que ella también miró la hora paro al parecer no le importe y siguió besándome, vi la hora simplemente le grité.
-Para.
-¿Qué?
-Ya me tengo que ir.
Ella obedeció rápidamente y paro. Tan rápido como pude logré llegar a tiempo, todavía todos estaban ingresando al salón y aquello me relajó bastante. Al principio me sentí extraña pues estaba ligeramente roja así que intenté cubrirme con un libro para que nadie viera mi cara. De pronto la voz de Alessandra se asomó sobre mi hombro y me susurró al oído.
-Qué mal que se haya manchado tu falda… Tan bonita y cuidada que se veía.

Miré mi falda y efectivamente, noté que estaba manchada de pintura. Me quedé en silencio y no giré mi rostro, pues traté de disimular.
-No te hagas la niña angelical… Qué ya se bien cuál es tu secretito, que buena fiestecita te cargaste en el salón de artes, no te preocupes, ya después hablaremos de eso.

De la nada una corriente fría atrapó todo mi cuerpo… Me paralicé y sentí como toda esa sangre de mi cuerpo rojizo desaparecía dejando todo mi cuerpo frío.

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